Tengo tres sellos en cada uno de mis brazos y dos más indelebles hacia mis muñecas. No tengo plata, ni celular, ni mi walkman, solo mi maleta con casetes, agua, lista de permisos, una batería y tres tipos diferentes de cinta. Al fondo del pasillo, tres documentalistas norteamericanas siguen a Alejandra, mientras espero con Peter que toma fotografías a niños en brazos de sus madres.Acaban de llegar la prensa, los peluqueros, maquilladores y los vestidos de las candidatas, confecciones de alta costura, según entiendo. Mientras tanto, cientos de mujeres gritan, se llaman desde las puertas, corren, me piden cinta y ubican las pancartas de sus candidatas.
En traje de fantasía salen nuestras protagonistas.
Amanda me entrega la cámara y saca otra (una super 8!) de una maleta más pequeña, los jurados se presentan y solo reconozco a la famosa Laisa; habla la directora, el director, luego un grupo vallenato y otro más de reguetón.
Las candidatas se han cambiado y ahora lucen trajes de gala.
Hacemos de nuevo el cambio de cámaras.
Las preguntas de rigor alrededor de la frase del lugar: “Mi dignidad y la suya son inviolables”, entre los gritos es entendible que no escuchemos las respuestas y solo resuene “Colombia es pasión”.
El jurado tiene a la ganadora: una morena de 1,60 mts, y sonrisa espectacular proveniente del Patio 9, sus compañeras gritan y se emocionan, al tiempo que Alejandra, representante del Patio 2 intenta controlar las lágrimas al saber que quedó virreina.
Son las 5:00 p.m. las internas vuelven a sus celdas y la seguridad de la cárcel no permite que nadie salga de nuevo a los pasillos.
Salimos cansados, felices, golpeados o pensativos, no sé si son las puertas, las vigilantes, esos rostros ó las miradas pero es otro mundo en el que he estado.
La puerta de la Cárcel del Buen Pastor se cierra y el sonido es… angustiante.
Son las 5:00 p.m. las internas vuelven a sus celdas y la seguridad de la cárcel no permite que nadie salga de nuevo a los pasillos.
Salimos cansados, felices, golpeados o pensativos, no sé si son las puertas, las vigilantes, esos rostros ó las miradas pero es otro mundo en el que he estado.
La puerta de la Cárcel del Buen Pastor se cierra y el sonido es… angustiante.
Créditos: A los documentalistas y a V. Peretti.


