23 de junio de 2008

Bogotá


“Bogotá se ha convertido en una total representación del país, la provincia se reproduce en la capital, se acentúa y se desdibuja en otras confluencias. En sus calles se escucha la continuidad rítmica de voces regionales, que van perdiendo sus acentos por el uso del intercambio del hablar y del escuchar. Pero lo originario regional prevalece como una constancia humana.

Ambigüedad en la gestualidad humana en una ciudad como Bogotá: mezcla social, paranoia colectiva, el ruido enloquecedor como actitud de seres inadvertidos, erotismo en la atmósfera, acelere humano que coloca al tiempo contra la pared (…) densidad de colores en la ropa, diversos ritmos en el caminar, violencia verbalizada, confusión existencial en los adentros de los otros, soledades involucradas por otras angustias, cuchillo físico en todas las instancias, individualismo absoluto en ese mar de tantas miradas, de tantas interioridades. La ciudad de uno, la ciudad de otros, la ciudad de nadie. La ciudad fantasmal que huye disfrazada de apariencias…”.
Arturo Alape.
Créditos: Al pollo .

16 de junio de 2008

Paca

La lora de la casa vecina madrugó el domingo a reírse y me acordé de una historia que mi madre cuenta de su infancia con mucha gracia... vivían en una casa grandísima en la que compartían el gran solar interior con otras familias; en medio del patio había un árbol gigantesco en el que se la pasaba una lora muy vieja que madrugaba en las mañanas a decir CEEECIII, CEEEECIII; CECI evidentemente era la dueña de la lora y la única persona de la que recibía su pan con chocolate. O sea, que CECI se paraba a darle de comer ó se regaba a madrazos.


Así que cada vez que la lora no era alimentada por Ceeeciiii pues se desmandaba en groserías, y peor era cuando los muchachos se peleaban debajo del árbol donde vivía el animalito porque este empezaba a gritar fuerte y claro: ¡!!SE AGARRRRRARON¡, ¡SE AGARRRRARON HIJUEP…!!! ¡!SE AGARRARON!!!!
¿Quiéeen le había enseñado groserías a la lora???? Era lo que el padre de Ceci le preguntaba a los niños que jugaban en el patio, a lo que todos decían que ninguno. La respuesta de mi madre es que en efecto ninguno, ó mejor, ninguno en especial porque eran todos los que se ponían a jugar bolas al lado la lora y ella no repetía sino lo que ellos se decían entre si.

Claro, que la lora era mañosa y le encantaba pararse al pie de la estufa de carbón en la que se cocinaba por aquella época, situación que no era del agrado de Don Nicanor (padre de Ceci) y cuando le dio un manotón para sacarla de ahí se ha desmadrado la lora de nuevo, y ahí si, casi llega a su fin porque la metió de cabeza entre el estanque y casi la ahoga, dice mi madre que casi, porque le tocó rogar a todos los demás presentes para que no lo hiciera y al final sacó a la lora toda mojada y asustada con las plumas hechas ñacos.

Y de ahí en adelante, la susodicha solo se callaba cuando Don Nicanor pasaba y si los chicos andaban por ahí jugando solo se le acercaba a la cabeza para decirle: PIOJITO, PIOJITO, PIOJITO…
En fin, que mi madre sale con unas historias buenísimas y que en ese punto, la lora de acá había dejado de reírse y ahora decía ¡!MAAAAAMAAA!!!


Créditos: A mi má.

10 de junio de 2008

Despertar

Se me cae la cara de la verguenza con los vecinos pero para que no digan que no lo advertí. Yo luzco así en las mañanas. PUN-TO.


Créditos: A los viejos hábitos.

3 de junio de 2008

Vecindad

Me mudé. Así, simple y categóricamente me trasteé y el apartamento es mediano, bonito y no muy caro, o sea, cercano al excelente. Aquí lo raro son los vecinos, la Doña que vive arriba es un tanto neurótica del aseo, se levanta a las seis de la mañana religiosamente incluyendo sábados y domingos, mantiene un tapabocas en la cara y no está enferma, usa guantes permanentes y no sufre de alergias, se ríe como bruja de cuentos de hadas y me llama diciéndome “¡señora!” ó “compañerita”, y nadie me había llamado así.
A los demás no los he visto mucho pero al lado vive un bebe que grita y llora hasta ahogarse y tose y vuelve y empieza, y al que creo que algún gato ha aprendido a imitar, porque, ¡¡¿seguir a las 2 de la mañana?!!
Ahora bien, si combinamos a la Doña de arriba con el bebe de al lado y el gato de no sé donde, pues se puso bueno y ayer festivo cuando todo el mundo hace roña, a eso de las 8 de la mañana escuchamos gritar: “¡Callen a ese niño!! ¡Miren a ver que tiene! ¡A ver si no está enfermo!!” mientras el esposo la hacía callar con un sonoro SHHHHHHHHHHHHH…
Y de bonus creo que hay una lora, ¡¡de emociones no me voy a quejar!!.
Créditos: Al nuevo lugar.
Fotografía: Jill Greenberg.