Me mudé. Así, simple y categóricamente me trasteé y el apartamento es mediano, bonito y no muy caro, o sea, cercano al excelente. Aquí lo raro son los vecinos, la Doña que vive arriba es un tanto neurótica del aseo, se levanta a las seis de la mañana religiosamente incluyendo sábados y domingos, mantiene un tapabocas en la cara y no está enferma, usa guantes permanentes y no sufre de alergias, se ríe como bruja de cuentos de hadas y me llama diciéndome “¡señora!” ó “compañerita”, y nadie me había llamado así.A los demás no los he visto mucho pero al lado vive un bebe que grita y llora hasta ahogarse y tose y vuelve y empieza, y al que creo que algún gato ha aprendido a imitar, porque, ¡¡¿seguir a las 2 de la mañana?!!
Ahora bien, si combinamos a la Doña de arriba con el bebe de al lado y el gato de no sé donde, pues se puso bueno y ayer festivo cuando todo el mundo hace roña, a eso de las 8 de la mañana escuchamos gritar: “¡Callen a ese niño!! ¡Miren a ver que tiene! ¡A ver si no está enfermo!!” mientras el esposo la hacía callar con un sonoro SHHHHHHHHHHHHH…
Y de bonus creo que hay una lora, ¡¡de emociones no me voy a quejar!!.
Créditos: Al nuevo lugar.
Fotografía: Jill Greenberg.









