
En el proceso perdimos pelo y ganamos en herramientas, pasamos de ser comestibles a comernos al resto y aparentemente a tener cerebros más grandes que no implica, por supuesto, mejor desempeño en el ICFES. Claro que si algo es reconocido en el hombre y que aún tenemos en común con algunas otras especies de primates es el fabuloso PULGAR OPONIBLE, “ya que mediante esta función anatómica, el pulgar puede manipular objetos grandes apoyándose con la palma de la mano y objetos medianos o pequeños apoyándose con uno o más dedos de los otros dedos”, toda una grandeza.
Pero en estos momentos en lo que las fiestas navideñas se aproximan y mi Abue quiere enmarcar las ventanas en luces ó mi Madre poner un moño en la puerta, he reafirmado un par de eventos evolutivos olvidados en el tiempo. Me refiero a la QUIJADA PRENSIL y a la maravilla del DIENTE CORTANTE. La primera fue idea de Quino pero nadie le puso atención y la segunda va detrás del dedo pero a todos se nos olvida. ¿Qué sería de nosotros los ayudantes, cocheches de madres y abuelas, si no desarrolláramos esas dos habilidades?
Por lo pronto, jamás podríamos sostener más luces de las que tenemos en las manos ó alrededor del cuello y ¡jamás!!, lograríamos en medio de botas navideñas, campanas, bolitas y velas, cortar la cinta pegante de la pereza que nos da ir a buscar las tijeras en no sé donde.
Y digan lo contrario, a ver…
Créditos: A mi socio preferido
Datos: Wikipedia



